El rey me observó detenidamente.
—Zero es mi mano derecha —dijo con lentitud—. Posee muchas habilidades que lo hacen adecuado para el puesto. ¿Acaso me estás diciendo que posees esas mismas habilidades?
—No, Su Majestad.
Sostuve su mirada.
—Lo que digo es que puedo ayudar a disminuir su carga. Soy solo una mujer humana. Mi fuerza jamás podría compararse con la de su mano derecha, ni tampoco mi velocidad. Pero sé leer y escribir. Puedo ordenar registros, revisar cuentas, redactar respuestas a la