La voz de Dominic le llenaba el cráneo.
Magnus tenía las manos en el cuello de Williams y los brazos aflojándose solos, el cuerpo obedeciendo al vínculo antes de que él pudiera hacer nada al respecto. Williams aprovechó el espacio, tomó aire, y empezó a empujar hacia arriba.
—¡Mátalo!
Magnus levantó los ojos.
Emma estaba en el árbol, inclinada hacia adelante, aferrada a la rama con las dos manos y los ojos clavados en él. No tenía miedo en la cara. Tenía rabia. Una rabia directa y desesperada q