48. En un limbo
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Ryder
Blake me abrió la puerta con la rigidez de un centinela en guerra. Pasé a su lado con un leve asentimiento, mi respiración contenida.
El interior de la casa era cálido, acogedor… y olía a ella.
Ese aroma suave, familiar, dulce y a la vez fuerte, que se había incrustado en cada fibra de mi ser desde el primer momento en que la conocí.
Y entonces la vi.
De pie, descalza, con una manta sujetada con fuerza contra su cuerpo como si fuera su única defensa contra el mundo. Sus ojos se c