81.
RAQUEL
El trayecto hasta casa de mi madre se siente más largo de lo que realmente es.
No porque el tráfico sea pesado o porque el camino sea complicado, sino porque voy con la sensación de estar escapando de algo que todavía me sigue pegado a la piel. Voy con el pecho apretado, con las manos aferradas a la correa de mi bolso y la maleta pequeña entre mis piernas, como si en cualquier momento pudiera arrepentirme y pedirle al conductor que dé la vuelta. A cada calle que avanzamos, mi estómago s