80.
MICHAEL
No sé cuántas horas pasan.
El tiempo se vuelve una cosa espesa, pesada, como si el aire del pasillo estuviera hecho de plomo y cada minuto cayera sobre mí con intención de aplastarme. Me quedo sentado frente a esa puerta cerrada, mirando el seguro como si fuera un enemigo, como si esa pequeña pieza de metal pudiera sostener todo lo que estoy perdiendo.
Y lo está haciendo.
La puerta no se abre.
Raquel no sale.
No hay pasos.
No hay una palabra.
Solo silencio.
Ese silencio que antes era n