73.
MICHAEL
El televisor está encendido, pero ninguno de los dos realmente le presta atención.
Raquel está recostada contra mí, con las piernas dobladas y una manta sobre el vientre. Su cabello huele a shampoo, a algo limpio, suave, doméstico… como si la vida por fin estuviera empezando a acomodarse donde debía.
Yo tengo un brazo alrededor de sus hombros y la otra mano descansando sobre su barriga, sintiendo de vez en cuando una patada pequeña que me hace sonreír sin querer.
Es un momento simple.