72.
MICHAEL
Cuando abro la puerta del departamento, el silencio me golpea primero.
No es un silencio incómodo… es un silencio cálido. Uno que huele a hogar aunque este lugar siga siendo un maldito hotel con muebles caros y paredes impersonales.
Cierro con cuidado detrás de mí, como si temiera romper algo.
Y entonces la veo.
Raquel está recostada en el sofá, con las piernas dobladas hacia un lado y una manta ligera sobre ellas. Su cabello cae desordenado sobre el cojín, y su rostro tiene esa calma