71.
MICHAEL
El edificio me recibe con su rutina habitual: el sonido de los tacones sobre el mármol, el murmullo de empleados hablando en voz baja, el olor a café recién hecho mezclado con perfume caro. Todo luce igual. Todo parece igual.
Pero yo no soy el mismo.
Apenas atravieso las puertas de cristal, la recepcionista me mira con una expresión extraña, como si quisiera decirme algo pero no se atreviera.
—Señor Banks… —murmura—, hay una visita esperándolo.
No pregunta si puede pasar.
No dice quién