Eda se encontró sola en la oficina, enfrentándose a la desconcertante conexión que había sentido y a la enigmática figura que tenía delante. Ella tragó saliva y dio un paso hacia atrás. Nunca había imaginado que sería ella quien buscara a su mate, y había sentido las señales, como el nombre de la empresa o la agitación de su loba antes de salir del ascensor. Su corazón latía desbocado en su pecho, como si quisiera salirse por la garganta. Apenas pudo articular unas palabras.
—¿Tú eres Magnus Gr