Perseo caminó hacia la entrada de la majestuosa mansión, sus pasos decididos resonaban en el mármol del piso. Con agilidad, subió las escaleras.
Eos, enojada no quería pasar la noche con él. En un susurro lleno de frustración, exigió.
—Perseo, bájame. Estoy furiosa y no quiero dormir contigo.
—Es nuestra noche de bodas, mi amor, y esta noche duermes conmigo. —Él respondió con una sonrisa traviesa en los labios.
Eos estaba atrapada en un dilema, debatiéndose entre su rabia y el deseo que, sin qu