El hombre, con respeto, le dedicó una reverencia y con voz ronca expresó.
— Luna Eos. Le doy la bienvenida a su nueva manada. Estaré para servirle en lo que se le ofrezca.
Eos agradeció con un asentimiento y luego dirigió una mirada gélida hacia las tres mujeres que se reían de forma burlona. Sin embargo, su tono de voz firme inquirió.
—Y bien, ustedes tres, ¿no van a saludar a su Luna?
La actitud de la ninfa no pasó desapercibida por Perseo, quien se sintió atrapado entre la emoción y el temor