Perseo mantenía a Eos sujeta con ternura por la cintura mientras ansiaba escapar del bullicio de la fiesta y llevarla a su habitación. Sin embargo, por diplomacia debía acompañar a los invitados hasta el final. Con voz suave y sensual, se acercó al oído de la bella ninfa y le confesó sus deseos más profundos.
—Eres la personificación de la belleza, mi ninfa coqueta. Mi corazón anhela que esta noche termine pronto para poder llevarte a nuestra habitación y disfrutar de la verdadera celebración q