En la manada Vilkas, Maya despertó con temblores en su cuerpo. Al girar hacia un lado de la cama, se encontró con su pervertido Mate, profundamente dormido. Trató de moverse con cuidado, pero sus muslos temblaban incontrolablemente. Finalmente, logró levantarse con sigilo y se dirigió al otro lado de la cama, donde se encontraba la mesa de noche. Abrió el cajón en silencio mientras susurraba en su mente: «Diosa Selene, por favor, ayúdame. Este hombre es un semental y no sé cuánto más podré sopo