Danna sintió las fuertes manos, tomarla por las caderas con firmeza, mientras la posicionaban cuidadosamente encima de él. Se separó lentamente de su boca y deslizó las palmas de las manos hasta reposar sobre sus pectorales bien definidos. En ese instante, sus miradas se encontraron, ella pudo notar la intensidad de deseo en sus ojos hambrientos.
—A ver qué se te ocurre hacer, mi reina —musitó con voz varonil y sensual.
—Eros, sabes que no soy experta en esto, pero haré mi mayor esfuerzo —sus o