Eros y su grupo de gammas llegaban a las inmediaciones de la mansión real y se adentraron al salón de reuniones. Mientras el ambiente se llenaba con discusiones y propuestas para salvaguardar la región, un silencio reverencial se apoderó de la sala cuando la puerta se abrió con suavidad y la reina hizo su entrada. Los murmullos cesaron y uno a uno, todos los presentes, se pusieron de pie, rindiéndole el respeto que merecía. La reina, con una sonrisa cálida en los labios, correspondió los saludo