Danna comenzó a sentirse mareada y sudorosa, como si una ola de calor repentino hubiera invadido su cuerpo, mientras su loba revoloteaba en su mente y comenzaba a aullar. Ella tomó la decisión de llamar a Gina y pedirle que se encargará de buscar inhibidores dentro de la manada.
Cuatro horas después, Gina tocó la puerta.
—Pase —Danna caminaba de un lado a otro, tratando de controlar sus ansias. Cada minuto que pasaba, sentía que su cuerpo ardía en llamas.
Gina entró nerviosa y con la mirada g