Al día siguiente, la plaza había sido preparada para dar la bienvenida a los lobos que iban a combatir en la batalla. La gente estaba alborotada, corriendo de un lado a otro. Los alfas y sus guerreros llegaban y tomaban sus posiciones en el lugar.
Danna llegó junto a sus hombres. La reina se subió a una tarima con su hija. Eurides, al verlas, les indicó sus asientos. Eos buscaba con la mirada a su padre y, cuando lo vio, se soltó de la mano de su madre y salió corriendo para abrazarlo.
La gente