Eros dejó escapar un suspiro ahogada de tristeza. Se levantó lentamente de su asiento y caminó a pasos acelerados hacia su despacho. Mientras avanzaba, escuchó una voz chillona que lo llamaba.
—Eros, espera. Necesito hablar contigo sobre Gin. Todo fue un malentendido de tu parte. Ella no tenía intención de empujar a la hija de la reina. Sabe que es un delito meterse con lobos de la realeza. Su intención simplemente fue comprobar si la niña estaba bien, porque la vio sola sin que nadie la resguar