En la noche, Lamia caminó sigilosamente hacia el calabozo. Aprovechó que el guardia estaba dormido y entró. Bajó las escaleras y, desde afuera de la celda, expresó en voz baja.
—Gin, no digas que fui yo quien te instó a atacar a la princesa. Hablé con el abuelo, se comprometió a hablar con el resto de los lobos del consejo para sacarte de aquí. Él se encargará de convencer a Eros de que tú sólo querías ver si la princesa estaba bien, pero te pusiste nerviosa al ver la mano del alfa agarrándote p