—¡Elsa!
Carlos la abrazó con fuerza, sin poder contener las lágrimas.
Desde que ella se fue al extranjero, nunca volvió a tener paz. Cada mes le enviaba dinero, sin falta, hasta que un día notó que su cuenta seguía intacta, sin un solo movimiento.
Fue entonces cuando se enteró de que Elsa se había unido en secreto a una misión médica en zonas de guerra.
Desde ese momento, lo único que lo mantenía despierto por las noches era pensar si su hija estaría bien, si tendría algo que comer, si seguiría