Los fragmentos de metralla le dieron de lleno en la espalda. El impacto fue brutal, dejando heridas profundas que de inmediato empezaron a sangrar. Aun así, el hombre no se movió. Apenas soltó un gruñido contenido mientras apretaba los dientes con fuerza.
—Aquí no es seguro. Ven conmigo —murmuró con voz grave y entrecortada.
Antes de que Elsa pudiera reaccionar, él ya la había tomado con firmeza del brazo y la llevó de regreso al campamento.
Solo bajo la luz tenue de la tienda médica, Elsa pudo