Los rayos solares se cuelan a través del cristal descubierto, y su resplandor provoca que los ojos de Lilia parpadeen. Tras un bostezo profundo, ella se incorpora y mira a su alrededor un poco desorbitada. ¡No lo puede creer!
—¿Dormimos todo el día? —pregunta a la nada, puesto que Bratt todavía se encuentra rendido. El dolor de estómago le confirma que, de hecho, sí durmieron todo el día anterior—. Bratt... —Ella lo remueve por la espalda.
—Ummm... —se queja él, aferrándose más a las sábanas y