El aroma del té de jazmín que acababa de prepararme Jimena flotaba en el aire, pero mi mente estaba en otro lugar. Me encontraba sentada en el sofá, con la mirada perdida en el vapor que subía de la taza, cuando un recuerdo, que hasta ahora había permanecido bloqueado por el trauma y la rabia, emergió con una claridad abrumadora.
Fue el momento exacto en la sala de interrogatorios. Volví a ver el agua derramada, el cristal rompiéndose sutilmente y, sobre todo, la imagen de Ricardo. La seda de s