El despertador no tuvo que esforzarse mucho para sacarme de la cama; apenas había pegado el ojo procesando los descubrimientos de la noche anterior. Eran las seis de la mañana y la ciudad aún estaba envuelta en una neblina azulada cuando decidí que no podía esperar más. Tenía que volver al origen de todo: el restaurante de los Rossi
Llegué al establecimiento justo cuando el personal de limpieza estaba terminando su turno. El gerente, un hombre de rostro cansado que recordaba vagamente mi rostr