Pasada la noche, la sensación, ansiedad y desespero del señor Long Lorens estaban escritas en su frente, no veía llegar la hora para salir a la cita convenida con la señorita Bárbara Rolly y Camila, la angustia lo consumía, iría a la oficina directamente, allá tomaría un poco de café, pues la ansiedad no lo dejó desayunar.
—Buen día, jefe, usted tan temprano en la oficina, se cayó de la cama, sonrió Caroline.
—Buenos días para usted también, no, no me caí de mi cama de ninguna manera, solo que