Edward y Pamela volvieron a sentir el éxtasis de la pasión, del placer desbordado en cada punto de su ser, agobiados de tanto disfrutar su gran y apasionado delirio, regresaron mirándose a los ojos, aún estaban llenos de lujuria, ambos se sentían como si volaran al infinito.
—Mi amor divino como te deseaba, —susurro Pamela en el oído de su marido, lo amaba con tanta fuerza, que siempre decía “si me faltas me muero” lo adoraba tanto que para ella era un Dios puesto en un pedestal muy alto.
—Mi c