Edward Knoefel
Dicen que los únicos amores verdaderos son los de los perros y los de las madres. Y es cierto. Cuando llamé a Rosalie, imaginé que tendría alguna dificultad para convencerla de que soy inocente de todo lo que Hunter debe haber dicho sobre mí.
Pensé que estaría dolida conmigo, pero fue justo lo contrario. En cuanto reconoció mi voz —aunque llamara desde un número nuevo—, sentí alivio al otro lado de la línea. Decidida, mi madre me ordenó volver a casa. Dijo que me protegería de to