91. No estaba bien
Dante
El rugido que suelto hace que los libros de las estanterías parezcan vibrar. Doy dos pasos largos, acortando la distancia hasta que estoy a centímetros de su rostro. Su espalda dxa contra la pared y yol la acorraló ahí, poniendo ambas manos a los lados de su cabeza e inclinandome hacia ella para sus ojos y los mios queden a la misma altura.
—¡No te compares con ella! —le siseo, mis ojos grises clavados en los suyos—. Gianna nunca fue nada para mí, se suponpia que debía ayudarme con mi pro