58. Lo hace por mi
Isabel
El pasillo de la mansión parece haberse vuelto más estrecho. El aire está cargado con el olor a antiséptico que emana del maletín del doctor Miller, un hombre de rostro severo y manos rápidas que Dante ha traído en tiempo récord. Estoy de pie junto a la puerta de la habitación de María, apretando la muleta con tanta fuerza que los nudillos me duelen.
A mi lado, Dante es una presencia imponente y silenciosa; su mandíbula está tensa, y aunque no me mira, puedo sentir el calor que emana de