57. No es suficiente
Dante
—¿He sido lo suficientemente claro?
Mis palabras resuenan con eco en la oficina, mis ojos no se han separado de Malek que está pálido, pero trata de mantenerse erguido, por la leve tirantes de su quijada puedo darme cuenta de que está enojado.
Que no lo ha gustado nada tener mi arma en su frente y me importa poco menos una mierd4, voy a decirle a Matteo que lo quiero vigilado y que ya va siendo hora de que regrese a su puesto.
—Sí, señor. Lo siento, señor.
—Lárgate —le ordeno, sin bajar e