54. Es... sangre
Isabel
Llego a la habitación sintiendo un vacío en el cuerpo, es como si me estuviera moviendo de forma automática, como un robot; aunque el golpeteo fuerte de mi corazón indica que sigo viva, que sigo aquí. Cierro la puerta tras de mí y la quietud me recibe. Mis ojos se mueven solos por la habitación como si estuvieran cerciorándose de la realidad y terminan en mi violín, ese que era de mi madre, el mismo que utilicé la noche anterior para calmar a Dante tal como la veía hacer a ella.
Lo absur