37. Como quema el infierno
Dante
Dante
Miro a ambos hombres, mis ojos se pasean por sus rostros, evaluan su respiración y buscan cualquier indicio que me diga que están ocultando algo, más que el dolor que deben sentir ahora mismo.
El primero en hablar es Matteo.
—Jefe… —la voz de Matteo se quiebra, no por el dolor físico, sino por la vergüenza—. No soy un traidor. Jamás… jamás mordería la mano que me da de comer. Usted lo sabe.
Paso la mirada de su rostro pálido al arma que descansa sobre mi muslo. Matteo la mira como si