207. La intromisión
Isabel
El silencio dentro del apartamento seguro del distrito financiero se siente denso, casi sólido, como si las paredes estuvieran conteniendo la respiración junto conmigo. Llevo lo que parecen horas dando vueltas por la sala, con los brazos cruzados sobre el pecho y los dedos enterrados en las mangas de mi suéter. Mis pasos sobre el suelo de madera son el único sonido constante, un eco monótono que no logra calmar la tormenta que tengo en la cabeza. Trato de concentrarme, de recordarme que