20. Salir de cacería
Dante
Camino los pocos metros que me separan de su puerta. El sonido del violín es ahora ensordecedor, una tormenta de cuerdas que parece exigir una respuesta. Introduzco el código, la puerta se desliza y entro.
La habitación está en penumbra, iluminada solo por el hilo de luz que se filtra por la ventana bloqueada. Isabel está de pie, con el violín encajado bajo la barbilla. Se ve pequeña, frágil, pero la música que sale de ese instrumento es gigantesca. Sus ojos están cerrados y veo el esfuer