21. Es una trampa
Isabel
La oscuridad de mi habitación no es vacía; está llena del eco de mi propia respiración y del tic-tac incesante del reloj en la mesilla de noche. Me mantengo quieta, con la espalda apoyada en las almohadas y la pierna enyesada extendida, sintiendo ese hormigueo familiar que oscila entre el entumecimiento y un dolor sordo. He estado intentando dormir durante horas, pero el cerebro no se apaga cuando sabes que el hombre que te protege está cazando fantasmas en los pasillos.
De pronto, un so