198. No es un paquete
Dante
El trayecto en la camioneta blindada es un borrón de luces y lluvia ligera sobre el asfalto de la ciudad. Cuando finalmente cruzo los portones de hierro de la mansión y estaciono frente a la escalinata, el cansancio me pesa en los párpados como si cargara bloques de plomo. Apago el motor, bajo del vehículo y avanzo hacia la entrada principal, buscando las llaves en el bolsillo de mi chaqueta.
Al empujar la puerta maciza y entrar al vestíbulo, una extraña sensación de incomodidad me eriza