183. No le va a gustar
Isabel
Al escuchar sus palabras, el aire regresa de golpe a mis pulmones. Me encamino con paso rápido hacia la entrada, apartando con suavidad el hombro de Mateo para mirar yo misma a través de la pequeña lente de cristal de la puerta. Al enfocar la imagen exterior del pasillo iluminado, siento cómo todo el miedo acumulado se disipa de mis músculos en un segundo.
Se trata de Jeremy. Es el vecino de la esquina del mismo piso, un chico universitario distraído y amable con el que solía intercambia