184. ¡TE VOLVISTE LOCA!
Dante
La pantalla del teléfono satelital parpadea en la penumbra del despacho, mostrando el código de la línea encriptada que me une a ella. Deslizo el dedo por la pantalla con una urgencia que me quema los tendones, pegando el auricular a la oreja mientras el corazón me golpea el pecho como un ariete.
—Dime que ya estás segura, pajarito —le exijo a modo de saludo, sin espacio para preámbulos. Mi voz suena ronca, pastosa por el exceso de cigarrillos y la falta de aire limpio en esta oficina que