174. Siempre tu
Dante
Me quedo completamente inmóvil, mirándola sin comprender del todo, suspendido en la magia de su tacto.
En mi cabeza de soldado, los problemas se resuelven con planos, con armas, con perímetros de seguridad; no estoy acostumbrado a que la paz llegue de una manera tan simple, tan pura. Isabel nota mi confusión y deja escapar una risa corta, baja, que me acaricia el oído.
Sin romper el contacto visual, se mueve con una gracia natural y se sienta directamente en mis piernas, acomodando su cu