Isabel
Lo veo acercarse y aunque no ha hablado siento un mal presentimiento reptar por mi espalda y escurrirse por todo mi cuerpo.
Ni me gusta la forma en que me está mirando.
—Tienes razón, pajarito —dice, y su voz baja a un registro ronco, pesado por la culpa—. Hay algo que pasó el día que fui a la fiscalía, justo antes de que me llamaras por lo de María. No quise decirte nada estos días porque estabas destruida con el luto y el niño me necesitaba concentrado, pero no voy a guardarte secretos