108. No tienes escapatoria
Isabel
El cañón de la pistola es un anillo de hielo prensado contra mi sien. La respiración de Ramírez es un silbido asqueroso y rítmico justo encima de mi oreja, un recordatorio constante de que mi vida pende del milímetro de presión que ejerce su dedo índice sobre el gatillo. La habitación está sumida en una penumbra pegajosa, pero mis sentidos están tan agudizados por el pánico que puedo ver las motas de polvo flotando en el haz de luz que se filtra por la ventana rota.
Inhala. Exhala. Gana