Capitulo 42

Días después, Bruno apenas había terminado de sentarse cuando Alexander entró en su oficina. La puerta se abrió sin el habitual golpe seco de cortesía que solía dar su amigo. Esta vez fue más bien un empujón.

Algo en su expresión le hizo saber inmediatamente que aquella no iba a ser una reunión de negocios.

Alexander tenía los hombros tensos, la mandíbula apretada y una sombra bajo los ojos que no se debía solo al cansancio de un día largo. Su traje, impecable como siempre, parecía llevar el p
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