La tarde avanzó lentamente, cargada de esa quietud tensa que precede a las tormentas.
Fue entonces cuando Natasha comenzó a notar los detalles. No eran palabras explícitas ni gestos evidentes... Eran sutilezas, pequeñas grietas en la fachada. Emma entraba a una habitación y, minutos después, Alexander salía por la misma puerta.
Sus miradas casi coincidían en algunos momentos, un segundo de contacto visual cargado de significado, seguido de un apartar la vista demasiado rápido, como si quemara. C