Rhys abrió levemente la boca, sin poder articular ni una sola palabra. Al final perdió toda su fuerza y se derrumbó en el suelo. La desesperación y el remordimiento lo inundaron, con lágrimas que caían constantemente de sus ojos. Se desgreñaba de manera frenética, incluso llegando a cubrirse de sangre, pero actuaba como si no sintiera dolor alguno…
No tenía nada más que decirle. Cuando estaba a punto de irme, llegó su voz llena de terquedad desde detrás de mí:
—Está bien si no quieres perdonarme