Mientras charlábamos, un amigo me saludó y me trajo de vuelta a la realidad. Se sorprendió mucho por mi regreso, me preguntó adónde me había ido. Le conté sobre las historias ocurridas en la Isla Nieve, y al caballero le encantaron. Con sus miradas llenas de elogios y expectativas, eliminó el último rastro de sentimientos relacionados con Anderson que yacían en mi corazón.
De aquí en adelante, podría seguir con mi vida a grandes pasos. Ese día hacía muy buen tiempo, así sería mi futuro.
Tres añ