Anderson tuvo que admitirlo a pesar del agudo dolor en su corazón:
—Tienes razón. Nosotros, los dos estúpidos ciegos, hemos estado lastimándola. Sin embargo, ¡ninguno de ustedes quedará impune!
Su lobo también aulló de ira. Anderson les lanzó su furia:
—¡Todos nosotros debemos pudrirnos en el infierno!
En ese momento, Rhys regresó todo sucio: había ido a la basura en busca de la caja que habían recibido. Los padres de Leah intentaban justificarse, pero Rhys ya no les creyó y les mostró las prueb