—Diana, ¿qué pasa?
Efraín se sentó en el reservado, con la vista fija en la mujer que tenía enfrente. A pesar del maquillaje cargado, no podía ocultar lo demacrada que estaba.
—Efraín, quiero hablar contigo de lo de Rubén y yo.
Diana lo dijo en voz baja, jugueteando con su taza de té.
Efraín arrugó la frente. Justo cuando iba a responder, ella lo interrumpió.
—Espera. Sé que ahora mismo quieres salir a buscar a tu esposa, pero también sé que buscarla así, a ciegas, no te va a servir de nada. Ta