—¿Qué pasa? —preguntó Valeria, confundida, al ver a Leo gritar con cara de pánico.
—¡Rubén! Repítemelo ahora mismo, ¿dónde demonios estás? —le gritó Leo al teléfono.
—En Estados Unidos. —La voz al otro lado de la línea sonaba cansada.
—¿Lo que me dijiste es en serio? —insistió Leo.
—Voy a colgar.
—¡Oye, imbécil! ¿Me colgaste? ¡Maldito seas, Rubén! —explotó Leo al escuchar el tono de la línea muerta.
—¿Qué pasó, Leo? ¿Rubén se fue a Estados Unidos? ¿Y por qué estás tan enojado? —preguntó Valeria