Bianca solo quería esconderse del mundo. Estuvo paralizada un buen rato, hasta que el sonido de su celular la sacó de su trance. Era Francisco. “¿Él también lo sabrá ya?”.
Contestó, pero antes de que pudiera decir nada, la voz alterada de Francisco la interrumpió.
—Bianca, ¿vamos a escaparnos? ¡Vámonos de aquí!
—Francisco, ¿qué pasa?
—Bianca, vámonos de este lugar, por favor —su voz sonaba increíblemente inestable—. Vayámonos a otro sitio, donde podamos ser felices. Donde no nos sigan los probl