En la suite del club “El Infinito”, Diana estaba acurrucada como una gata junto al cuerpo musculoso de Rubén. Lo observaba con una mirada seductora, sus ojos cargados de una devoción profunda por el hombre con el que acababa de compartir un momento de intensa pasión.
—Tenía tanto tiempo sin verte por aquí, Rubén.
Él acarició el cabello de Diana y, con sus largos dedos, le levantó la barbilla. Su tono era juguetón.
—A ver, Dianita, ¿eso es un reclamo?
—Claro que no. Además, quejarme no serviría